viernes, 2 de octubre de 2020

CONSPIRANOIA

 Buenos días, hoy 2 de octubre de 2020 y siguiendo con la tónica de estos últimos meses, publico un relato en el que la palabra a utilizar era la que da nombre al título CONSPIRANOIA.
La definición de esta palabra, según Fundéu es la siguiente:
Tendencia a interpretar determinados acontecimientos como fruto de una conspiración.
En fín, aquí os lo dejo.
Que lo disfrutéis.
Julita

  Recorrí todos los rincones de la casa registrando cada palmo de ella. Con mucho tiento y cuidado, abría las puertas tanto de las habitaciones como de los armarios, para estar completamente seguro de que por detrás no se escondía aquello que acabaría con todo lo que en mi mente había conseguido almacenar.

  Con esa idea me tiré a ras del suelo para observar debajo de la cama, donde no vi nada que llamase mi atención. Miré incluso bajo los sillones, las mesas y las sillas e, incorporándome, fui a la cocina donde no dejé de escudriñar ni un solo lugar.

  Volví al salón y me senté en mi sillón favorito, intenté enfrascarme en la lectura del libro que, con tanto interés, había comenzado unos días antes, pero me resultaba imposible.

  En esas me encontraba, cuando caí en la cuenta de que no había revisado el cuarto de baño, así que me levanté y pensé con mucho tino que lo mejor sería apagar las luces para, de esa forma, sorprender mejor a mi adversario.

  Estaba claro que la situación se iba a volver en mi contra si no sabía reaccionar como debía. Una gran agitación se adueñó de todo mi cuerpo y sentí unas ganas terribles de vomitar, pero me repuse, pues no era el momento de andar con remilgos.

  En lo profundo de mi ser una vocecita me decía que no iba a conseguir nada, pero la acallé obligándome a no desistir.

 «Si las fuerzas de ultratumba conspiraban contra mí, no lo iban a tener nada fácil.››

  Manteniendo el teléfono móvil en la mano izquierda, procedí a sumir la casa en la más absoluta oscuridad. Una vez el trabajo estuvo concluido, utilicé mi mano derecha para pulsar el ícono que permitía poner en marcha la linterna de dicho aparato y me encaminé al cuarto de baño.

  Empujé la puerta con todo el sigilo de que fui capaz y nada más penetrar en la estancia… ¡lo vi!

  Era un ser extraño. Me dio la impresión de fluorescencia, pero, decidido como estaba a acabar con esa fuerza fantasmal, no me amilané. Sin darle tiempo a reaccionar, cogí del suelo la báscula con la que solía pesarme y se la arrojé con todas mis fuerzas con la intención de acabar con él, o al menos asustarle.

  El estrépito fue impresionante, cosa que me extrañó, pues siempre he oído decir que ese tipo de seres no suelen materializarse en elementos muy consistentes.

  Como quiera que el teléfono cayó de mi mano al coger la balanza tan precipitadamente, apagándose de manera instantánea, decidí encender la luz y, en ese mismo momento, mis ojos contemplaron atónitos lo que hubiese podido ser el final de una batalla campal: los trozos del espejo en el que tantas veces me había observado se diseminaban por el suelo junto con los restos de lo que en su día fue un bidet, que la báscula había roto en su caída antes de destriparse.

Julita San Frutos©

 

4 comentarios:

Marina dijo...

Me he reído con ganas imaginando la situación! Muy bueno y muy simpático.
Es verdad que, con frecuencia, nuestros miedos nos hacen reaccionar de forma totalmente irracional.
Este relato quizás nos ayude a relativizar.

Juli imagina historias dijo...

No sabes Marina lo que me alegro porque te haya hecho reír, la verdad es que lo escribí con esa idea, algo divertido cuando, como dices, se nos meten en la cabeza ideas absurdas.
Un abrazo muy fuerte.
Julita.

Helen Pi dijo...

¡Qué a gusto me he reído!
Aunque pensando luego en el cuarto de baño destrozado... no sé qué decir.
Está claro que nuestro cerebro nos juega en ocasiones malas pasadas y, lo que ni tan siquiera existe, lo convierte en sumamente real.
Lo que también destacaría es lo ágil que estás, ya que te has tirado al suelo rápidamente mirando debajo de la cama. ¡Qué envidia!
Sigue así Julita por favor.
Ágil también de mente y de espíritu.
Un besote.

Juli imagina historias dijo...

Hola Helen, me alegro de que te hayas reído, tengo que decir que yo me lo pasé muy bien escribiéndolo. Lo de la agilidad del cuerpo, ya es otra cosa, porque cuando miro debajo de la cama, me cuesta incorporarme, pero es que hay que reconocer que la edad no perdona🤭un abrazo.