Buenos días, este mes me he retrasado un poco en publicar, supongo que podréis perdonarme, para ello os dejo un relato de los que tanto me gusta escribir y espero que disfrutéis leyéndolo como yo lo hice escribiéndolo.
Julita
Camino con la cabeza gacha por el peso de la
preocupación que consigue que mi corazón bombee más sangre de lo necesario, se
acumule en mi sien y la golpee como si fuese a partirse en pedazos de un
momento a otro. No consigo que las piernas me respondan como deben, por lo que
mi caminar resulta pesado y desvaído, tal y como correspondería a una persona a
la que le hayan quitado la ilusión.
Mi cuerpo se niega a acudir al lugar donde no
tengo más remedio que estar presente hoy, es algo que no debo ni puedo eludir,
aunque suponga para mí un desafío. Mientras camino, acude a mi mente el
principio de esta historia, el momento en que agarré con mis manos aquella
carta que iba a cambiar mi vida por completo. Así que arrastro los pies para
conseguir llegar a mi destino.
La he tenido entre mis manos tantas veces que
casi he llegado a aprendérmela de memoria. Sus cinco páginas han ocupado en mi
mente un lugar tan inmenso que soy incapaz de pensar en otra cosa. Intento
dormir y las letras acuden en mi busca. Me levanto, incapaz de conciliar el
sueño y ahí están, en mi cerebro.
Ninguna de las explicaciones que me he dado
ha servido para nada. Sé que no tengo más remedio que cruzar las calles que me
separan del lugar donde, de eso estoy seguro, lograrán calmar esta congoja que
me oprime. Así que sigo caminando, con mi andar desgarbado y los dedos de mi
mano derecha crispados, mientras sujetan la misiva motivo de mi desesperación.
